ARTÍCULO DE UN GRUPO DE FANS
(escrito para una revista)

Finaliza la caída del último rayo solar proveniente del universo, y tras saciar el posible apetito derivado del desgaste físico del día anterior, empieza de nuevo el factor magia. Millones de partículas taumatúrgicas procedentes de no se sabe dónde comienzan a repartirse por la plaza para no dejar cabida a ningún otro personaje, dada, además, la considerable condensación de células humanas concentradas frente a la tarima.

Es el instante en el que vasos comienzan a rodar por el suelo, se oyen los primeros acordes de una canción de bienvenida y enseguida la exaltación de los físicos juveniles empieza a contagiar al mundo.

Comenzamos.

La noche se inaugura (antes no se usaba ese nombre para denominar el tiempo) y mientras dura, el olvido impera en las mentes para dejar ser atraídas por un imán musical, por colores de luces, por tejidos empapados...

Es el verano, la nocturnidad, el prestigio del sabatismo lo que se une hasta demostrar una vez más que el sentimiento de altitud no se ha perdido aún hoy en día.

De repente, altavoces iluminados a los que se encaraman sombras humanas temblequeando valientemente. Ahora, un balcón egocéntrico se acaba de apoderar de las miradas, pero no se debe a sí mismo su protagonismo. Púas que vuelan, baquetas malabares, teclas que cobran vida...

Ante la insistencia, se ve concedida otra ronda de melodías a la que acompañan los últimos espasmos de los cuerpos ya agotados. No importa:

Continuamos...

Llega inesperadamente el final. ¿Ha existido el tiempo desde la media noche?

Murmullos de notas perdidas se esconden con el amanecer, esperando poder escapar de la prisión del silencio al día siguiente.

Firmado: N. R.


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